miércoles 15 de julio de 2009

''Señor Obama, su responsabilidad es rectificar la injusticia contra los Cinco''


Palabras del abogado José Pertierra en la presentación el jueves 9 de julio, en Washington, de la exposición de pinturas de Antonio Guerrero Rodríguez, uno de los Cinco cubanos prisioneros en los Estados Unidos por luchar contra el terrorismo organizado contra Cuba desde Miami. Tony cumple una sentencia de cadena perpetua más 10 años por crímenes que no cometió, y un jurado prejuiciado imputó sin prueba alguna:

El día que el tribunal lo sentenció a cadena perpetua, más 10 años, en una celda de máxima seguridad, Antonio Guerrero le explicó a la Jueza Lenard por qué Cuba lo envió a los Estados Unidos.
Cuba, mi pequeño país, ha sido atacado, agredido y calumniado, década tras década, por una política cruel, inhumana y absurda. Una guerra verdadera, voraz y abierta de terrorismo, precursor del horror; de sabotaje, generador de ruinas; de asesinato, causante del dolor, del dolor más profundo, la muerte… ¿Dónde se han fraguado y financiado tan incesantes y despiadados actos? En su gran mayoría, en el propio territorio de los Estados Unidos de América.
Con la tarea de infiltrar a los grupos terroristas responsables por el asesinato de más de 3 400 cubanos durante las últimas cuatro décadas, Tony formaba parte del equipo de agentes que Cuba envió a Miami para acumular información. El equipo no trató de infiltrar a las agencias gubernamentales de Estados Unidos, y tampoco obtuvo ningún documento clasificado. Su único propósito era acumular las evidencias necesarias para que el FBI arrestara a los terroristas.
En junio de 1998, el FBI realizó varias reuniones secretas con oficiales del gobierno cubano en La Habana. Sin revelar como había obtenido las pruebas, Cuba compartió con el FBI 175 páginas de documentos relacionados con 31 ataques y planes terroristas que ocurrieron entre 1990 y 1998, más la ruta de los dólares (de New Jersey y Miami) que financiaron esos ataques.
Cuba también le entregó al FBI audio-cintas de 14 conversaciones comprometedoras del autor intelectual de la campaña de terror, Luis Posada Carriles, más 13 videos y audio-cintas de cómplices de Posada con detalles de los crímenes. Gracias a Tony y a su equipo en Miami, Cuba pudo compartir con el FBI los nombres, direcciones, números de teléfonos y hasta los números de chapas de los automóviles de los terroristas.
El FBI le agradeció a Cuba la evidencia y prometió investigar los crímenes. La investigación ocurrió, pero el resultado fue sorprendente. En vez de arrestar a los terroristas, el FBI utilizó la evidencia que Cuba le dio para arrestar a los Cinco.
¿Por qué?
Los Estados Unidos habían entrenado y dirigido a los terroristas de Miami, quienes eran una parte importante de la guerra encubierta contra Cuba durante la Guerra Fría. Por cincuenta años, el gobierno de los Estados Unidos los ha protegido y mimado, en vez de encarcelarlos y enjuiciarlos.
Miami es su ciudad preferida, colmada de hostilidad y prejuicios contra Cuba. No es casualidad que los terroristas gravitan hacia sus playas. Miami los ampara y los festeja, como si fuesen patriotas o héroes. Solamente en Miami podía el gobierno ganar un caso contra los Cinco.
La raison d'etre para la presencia de los Cinco en los Estados Unidos era conseguir evidencia para arrestar y procesar a Posada Carriles y su red terrorista. Èl es el autor intelectual de gran parte del terrorismo contra Cuba. Después de la caída del bloque socialista, la economía cubana se iba a pique, y se abrió al turismo en búsqueda de dinero en efectivo.
Para espantar el turismo hacia Cuba, los inescrupulosos fanáticos de Miami lanzaron una campaña de terror contra la Isla. Hicieron explotar bombas en los más lujosos hoteles y restaurantes de La Habana: en el Hotel Nacional, el Meliá Cohíba, La Bodeguita del Medio, el Chateau Miramar, el Tropicana, y otros.
El 4 de septiembre de 1997, una de esas bombas mató a un joven italiano llamado Fabio Di Celmo en el Hotel Copacabana, en La Habana. Una esquirla de un cenicero de vidrio le cortó la arteria yugular. La sangre brotó rápidamente de la parte izquierda de su cuello, y murió en pocos minutos.
Un año después, Luis Posada Carriles admitió al New York Times que había sido el autor intelectual de las bombas que explotaron en La Habana. “Ese italiano”, le dijo a la corresponsal del periódico Anna Louisa Bardach, “estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero yo duermo como un bebé”.
Cuando mató a Fabio a sangre fría, Posada ya era un fugitivo de la justicia. Tenía 73 cargos de homicidio pendiente en Venezuela debido al derribo de un avión de pasajeros en 1976. El siniestro acto terrorista resultó en el asesinato de los miembros del equipo cubano de esgrima, entre otros pasajeros. Iba también una niñita guyanesa de 9 años llamada Sabrina Paul.
Sin embargo, en vez de extraditarlo a Venezuela, los Estados Unidos aún protegen a Posada y desatienden la solicitud de Venezuela.
Fabiucho, como lo llamaban sus padres, era el hijo menor de Giustino y Ora. Tenía solamente 22 años cuando fue cruelmente asesinado. Le encantaba leer y jugar fútbol. Estaba locamente enamorado de Cuba y de su pueblo. Hace dos meses conversé con Giustino Di Celmo en La Habana. El papá de Fabio tiene 90 años. En el restaurante de la capital cubana que lleva el nombre de su hijo, él me comentó que le había escrito una carta a Antonio Guerrero, a Tony, de la cual copié estas líneas:
El primer rayo de sol de los próximos días debería caer sobre la oscuridad tendida a la injusticia monstruosa del encarcelamiento de ustedes.
Giustino, estos dibujos de Antonio Guerrero son rayitos de sol que caen sobre la oscuridad tendida a la indiferencia monstruosa del gobierno de los Estados Unidos ante el sufrimiento de los Cinco. Nos toca a nosotros convertirlos en relámpagos de acción.
“La vida es vida, solo si hay valor”, dijo Tony en uno de sus preciosos poemas. Encontremos el valor para tomar las riendas de la lucha para liberar a los Cinco de la injusticia monstruosa de su encarcelamiento.
Recordemos hoy aquí, y repitamos sin descansar, que Tony vino a los Estados Unidos para impedir el crimen, no para cometerlo. Recordemos que el gobierno de los Estados Unidos ha virado la justicia al revés y confina a prisión a los héroes. Recordemos que protege a los criminales, permitiéndoles que continúen su campaña terrorista contra Cuba.
El 16 de junio, la Corte Suprema rechazó sin comentarios la solicitud de revisar las condenas de los Cinco. El caso está ahora en las manos del Presidente de los Estados Unidos. Con un plumazo, el Presidente puede resolverlo. Puede reducirles las sentencias a tiempo-cumplido, para que ellos regresen a su patria, junto a sus familias. El Artículo 2 de la Constitución de los Estados Unidos le otorga al Presidente el poder de Clemencia Ejecutiva. Ese poder no tiene limitantes.
La normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba no es posible, mientras los Cinco permanezcan injustamente encarcelados y los terroristas vivan libres. Los terroristas tienen que estar presos y los antiterroristas, libres.
Desde su celda en Colorado, Tony escribió:
Como el agua, pura y clara, Corre en su arroyo serena, ha de correr la ternura, Cuando aparece una Pena. . . No hay dolor que no sea tuyo. No hay sufrir sin compartir. Se ha de tener un orgullo, Saber dar sin recibir.
Presidente Obama, nos dice que no le gusta mirar hacia el pasado, pero, Sr. Presidente, tiene usted que comprender que Posada y los otros cubanos de Miami fueron las herramientas de terror que usó su gobierno contra Cuba. Por eso, el FBI no los arrestó, y por eso arrestó a los Cinco.
Su responsabilidad es ahora rectificar esa injusticia. Su responsabilidad es poner fin a un bloqueo cuya premisa es causar la hambruna para que los cubanos se rindan, y una campaña de terror para tratar de doblegar a un pueblo honorable: esa es la sórdida historia que usted heredó de sus predecesores en la Casa Blanca.
Sr. Presidente, tiene que sanar estas heridas abiertas. Estados Unidos es la nación más poderosa en la historia de la civilización. En vez de ser la más cruel, ¿no debiese ser la más generosa, la más humana?
Sr. Presidente Obama, la Guerra Fría se acabó. Por las víctimas del terrorismo, por el sufrimiento que este ilegal e inmoral bloqueo ha causado en Cuba, por el bien de su país, por el bien del futuro, sane las heridas: acabe con el bloqueo, extradite a Posada y libere a los Cinco.

domingo 28 de junio de 2009

Anestesia local, pistola en mano



El 17 de noviembre de 2005, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso en la Universidad de La Habana, Fidel Castro pronuncia lo que considero su discurso más importante del pasado año y uno de los más significativos sobre el futuro del régimen. En medio de una intervención cargada de referencias políticas, históricas y hasta filosóficas, confesiones personales y recuerdos lanza una pregunta: “¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? Luego otra y otra: ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?”.
No son interrogantes que usa como un simple recurso de oratoria. Poco importan aquí las exclamaciones de “¡No!” de la concurrencia. Está advirtiendo a quienes le rodean: “Este país puede destruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos [Estados Unidos]; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
Volverá a esta idea explicando lo que para él son los aspectos objetivos y subjetivos capaces de posibilitar el derrumbe del sistema que ha creado. “Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que ustedes no la olviden nunca…”.
Aunque todo el tiempo estará brindando respuestas, no deja fuera la duda: “Cuando los que fueron los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo hacerlo? Si nosotros, al fin y al cabo, hemos sido testigos de muchos errores, y ni cuenta nos dimos”.
Tratar de evitar nuevos “errores”. Así quiere definir las medidas que está tomando. En un momento en que Latinoamérica ha dado un giro rotundo hacia la izquierda, que la situación económica de su gobierno ha mejorado, cuando parece recuperado de una peligrosa caída y desafiante a los pronósticos médicos adversos el Comandante en Jefe se muestra más desconfiado que nunca.
Ante todo, una desconfianza hacia quienes le rodean. Habla de la caída, la operación posterior. El hecho conocido de que sólo permitió anestesia local durante la intervención quirúrgica. Reconoce que siempre dispone de una Browning de 15 disparos. Confiesa: “He disparado mucho en mi vida”. Después agrega: “Lo primero que quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo siempre usé. Esa está al lado de uno, usted la tiene”. La capacidad del Jefe de Estado, la astucia del gángster, los reflejos del guerrillero.
¿Por qué esa premura en saber si puede disparar? No por una amenaza externa. En todo el discurso no se menciona una sola vez el peligro de una invasión, la “agresión imperialista” o la posibilidad de una guerra: la isla ha alcanzado la “invulnerabilidad militar”. Invulnerable, pero no indestructible. Queda bien claro. La amenaza viene de adentro.
La primera amenaza es el propio ser humano: “El hombre es un ser lleno de instintos, de egoísmos, […] el instinto de supervivencia es uno de ellos”. ¿Pero no es el apuro por agarrar la pistola la muestra de un instinto de supervivencia? ¿Dónde están las señales de alarma? No para quien considera que sobrevivir es asegurar la continuación de la revolución. Hay que estar de acuerdo a su lado, pero no es suficiente. El peligro está en todas partes. Para él y para quienes lo rodean. No le garantiza la vida a nadie. A todos los deja sin alternativas. El es la revolución. ¿Y después?
Castro pretende minimizar la idea de su muerte, aunque durante toda la intervención se coloca en una jerarquía superior, que le permite achacarle a otros —economistas, administradores, ministros— los errores cometidos. Poco cuenta a estas alturas repetir un recurso utilizado una y mil veces. Destaca en cambio lo que considera importante. Lo que no hay que olvidar nunca: él es el patrón moral del país, el hacedor del destino nacional. Y un creador nunca está tranquilo. Una vez más, hay que reinventar la revolución. No se excluye de los errores. De lo que se excluye es de las consecuencias por haber cometido errores. Queda para los economistas el no percatarse de lo incosteable de las zafras azucareras. Son los ministros los que han sido deficientes “y bastante deficientes”. Es en los poderes populares donde el “desastre es universal, el caos”. La ineficacia, la falta de interés y el descontrol son algunos de los factores subjetivos que pueden acabar con la revolución. Pero no los únicos ni los más importantes. Está el problema de la corrupción, explicación siempre a mano, que oculta deficiencias, críticas y causas políticas.
La corrupción ante el poder
Durante el llamado “Período Especial”, el gobierno tiene que permitir ciertas parcelas de gestión económica, que funcionan con una relativa independencia estatal, ya sean privadas o autónomas. Lo hace obligado por una necesidad económica, pero también política. Se ha enfatizado —quizá demasiado— en los factores económicos. El sentimiento político de buscar una apertura —latente en la población y a punto de estallar— encuentra tres posibles salidas: la inmigración (Crisis de los Balseros), la disidencia y la posibilidad de ganarse la vida sin recurrir al Estado. De enriquecerse o al menos situarse por encima del resto de los ciudadanos. Una gestión económica que se desvía del patrón establecido hasta entonces, debido a las circunstancias del momento, y que enmascara la falta de libertad con una ilusión de independencia.
La apertura económica —adoptada a regañadientes según confesión repetida del gobernante— brindó no sólo dividendos monetarios. También una ganancia política fundamental: convirtió a las limitaciones de una sociedad cerrada en una fuente de enriquecimiento para algunos. Un “enriquecimiento” que sirvió para desviar la atención hacia problemas sociales más profundos. La falta o abundancia de artículos de consumo como parte de una operación de distracción: “resolver” en vez de hablar mal del gobierno, especular en lugar de oponerse. No importó entonces que el egoísmo llevara a la corrupción. La misma que ahora Castro hace eje de su campaña, porque se ha fortalecido en otros frentes y al mismo tiempo siente la necesidad de cambiar su táctica de ataque: la campaña contra la corrupción es el nuevo plan que le permite alejar la atención ciudadana —y de quienes le rodean— de otros factores fundamentales de la crisis nacional, así como reforzar el miedo en todos los niveles del Gobierno.
Con la inmigración controlada gracias a un acuerdo con el enemigo (que brinda beneficios mutuos, los cuales garantizan su permanencia) y la actividad disidente reducida a niveles mínimos, el mandatario ha decidido ampliar su lucha contra los que considera corruptos. No hay que olvidar que antes de las detenciones masivas de los opositores pacíficos del Grupo de los 75, en la primavera de 2003, se había acentuado la persecución de quienes realizaban actividades económicas al margen del orden establecido. Ahora son los funcionarios gubernamentales quienes están en la mirilla, porque éstos constituyen lo que podría llamarse la “disidencia oculta”, los cientos o miles de funcionarios menores —y algunos no tan menores— que desde hace años desean un cambio.
Si el temor o una supuesta falta de egoísmo generan la incompetencia, y por el contrario el egoísta es corrupto y antisocial, ¿en dónde radica la solución del problema? Castro dice que en la educación y la ética. Pero también en la economía. Vuelve una y otra vez sobre las deficiencias y los gastos de combustible que causan los camiones, ventiladores y otros artículos de la época de los subsidios soviéticos. Promete que durante este año se producirá un reemplazo paulatino de estos equipos y un aumento en los niveles de abastecimiento de alimentos.
De sus palabras se desprende que la solución que impedirá el derrumbe del modelo socialista cubano se fundamenta tanto en modernas tecnologías (factores objetivos) como en la existencia de una población joven, culta y educada, con una formación ética a prueba de tentaciones, así como el establecimiento de controles y la creación de una conciencia ciudadana que valore los costos y el valor monetario (factores subjetivos). “El dinero es sagrado”, dice el Comandante.
Está por verse el desarrollo económico. Menos seguras aún son las soluciones que propone para eliminar esos factores subjetivos que han puesto en peligro su modelo revolucionario. El sustituir a los empleados de las gasolineras por trabajadores sociales significa sólo un cambio de personal, que no garantiza nada. Dentro de unos meses —o en estos momentos— quienes despachan las bombas de combustible comenzarán las mismas actividades ilegales de sus antecesores. Lo único que impide que un “pistero” se enriquezca es que la gasolina se venda a todo el mundo de acuerdo a los precios de mercado. La escasez y el racionamiento son los factores que posibilitan la especulación y el contrabando. Pero una abundancia sin restricciones no forma parte de las aspiraciones del régimen. Por eso, aunque en su lucha contra la corrupción Castro está empleado el dinero además de sus dos armas tradicionales —la represión y el control—, lo hace con el objetivo de convertir a Cuba en un ejemplo ante el mundo: la nación que más gasta en ahorrar.
¿Vale la pena la discusión sobre la corrupción, enfatizar que ésta se genera en las altas esferas del gobierno y que al final lo que impera en la isla es una lucha por la supervivencia? A todos los niveles. ¿No es la confesión de agarrar la pistola casi de inmediato la clave del discurso? No hay que desviar la vista de un hombre con una pistola. No importa lo que diga. Lo que cuenta es el arma.
Mostrar interés por el futuro, hacerle creer a los seguidores que se preocupa por la continuación del proceso cuando él ya no esté. Distraer a todos —en la isla y en el exilio y el resto del mundo— de la urgencia por mantener la pistola al alcance de una mano que sepa responder a tiempo y con precisión. Desde la llegada de George W. Bush al poder, Washington aparenta jugarse la partida a esa carta: organizar la transición. Con este discurso, Castro también entra en el juego y se sienta a esperar que alguien a su alrededor apueste: discutir el futuro, caer en la trampa del Comandante.
¿Cómo lograr ser la única garantía de supervivencia hasta el presente y al mismo tiempo convencer a otros de que hay un futuro? Inventar, reinventarse todos los días, pero sin confiar en nadie. La mano del Comandante que toma la pistola: “Moví el peine, la cargué, le puse el seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y dije: Tranquilo… Me sentía con fuerzas para disparar”. El resto sólo es apuntar con cuidado.
Coda: todo para perder
La pregunta de si el proceso revolucionario cubano pudiera derrumbarse tiene una respuesta —calificada por algunos ilusos de “inusitada”— en la intervención del ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, durante el VI período ordinario de sesiones de la VI Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Tonto pensar que no se trata de un movimiento acordado por el propio mandatario. Pero algo en el documento llama la atención. Pese a la pobre oratoria y al cuidado de no apartarse de lo expresado por el Comandante en Jefe, lo interesante de los planteamientos del Canciller es que el enfoque de éste difiere en perspectiva. Si Castro habla desde un presente eterno, Pérez Roque piensa en el futuro. Para el gobernante todo se reduce a una cuestión táctica. El ministro lo ve en términos de estrategia. Sólo que la táctica de Castro es en realidad su estrategia de supervivencia y las aspiraciones de Pérez Roque terminan —van a ser eliminadas en el momento oportuno— cuando pone en evidencia que él ha comenzado a ver más allá de ese movimiento elemental definido por el mecanismo innato de conservar el poder. ¿O no forma todo parte del mismo juego: poner a hablar del futuro al menos apto?
Quien ejerce el mando sólo busca cambios que mantengan el statu quo. El que evidentemente aspira al cetro sabe que los cambios serán inevitables. El gobernante a punto de cumplir 80 años utiliza a los jóvenes en un simulacro de “revolución cultural”, para atemorizar a quienes lo rodean. El otro sabe que en los jóvenes está la clave del problema. El primero le habló a los jóvenes estudiantes. El segundo habla en representación de los jóvenes. Uno habla de la muerte, pero está convencido de que aún le quedan muchos años por delante. Otro no se atreve a mencionarla: “no son [estos días] para evocar noticias tristes, ni temas a los que se rechaza nada más de pensar en ellos”.
Las palabras plañideras del cortesano lo denuncian: vislumbra la muerte del gobernante, la teme y la desea y se atreve a proponer un futuro sin Castro. ¿Cae en la trampa impulsado por su ambición, repite la impresión que causó al abalanzarse al podio cuando el desmayo del mandatario, o de nuevo cumple órdenes? El Pérez Roque de siempre: no es posible tanta osadía sin una autorización expresa.
El ministro ha hecho de la repetición un hábito. No le basta con volver a lo expresado por el gobernante: la isla ha alcanzado la “invulnerabilidad militar”. Afirma que se alcanzará la “invulnerabilidad económica”, pero no está tan seguro respecto a la “invulnerabilidad ideológica y política”. Ya aquí no hay repetición sino duda. Al decir esto comete el primer error de muchos. No sólo lo han colocado en la posición de ser una caja de resonancia, le han dado también cuerda para que se arriesgue a una nota disonante.
Si es necesario reinventar la revolución, la tarea no puede quedar en manos de los “veteranos”, cuyos errores ahora está pagando la población. Castro dice apostar a los jóvenes, ejemplificados en los trabajadores sociales. Pérez Roque rebate ese argumento. Quienes eran niños al inicio del “Período Especial” y los que en los últimos diez años han llegado a la adolescencia —aproximadamente dos millones y medio de la población nacional— tienen “más información y más expectativas de consumo que los jóvenes que al principio de la Revolución fueron a alfabetizar”, no se dejan conquistar por “el mismo discurso de siempre, que si la salud y la educación”, muchos pertenecen al grupo de gente que se “hace ilusiones con el capitalismo”. Nada más peligroso para un fonógrafo que creerse cantante.
El ministro teme que la “invulnerabilidad ideológica” se pierda “cuando no exista la voz que llame cuando los demás no se dieron cuenta” y propone salvar el Estado, porque si éste no se salva no se salva él. Quiere una legitimidad basada en la autoridad. Invierte los términos propios de un Estado de derecho, donde la legitimidad es la que otorga autoridad y apela a que los dirigentes sean honestos y no tengan privilegios. Llama al apoyo popular sobre la base de ideas y convicciones y pide predicar con el ejemplo. Propone impedir a toda costa el surgimiento de una nueva burguesía.
La estrategia del Canciller no se sostiene. Heinz Dieterich, en Rebelión, la hace pedazos: “Apelar a la disciplina revolucionaria y los valores éticos en las actuales circunstancias de Cuba, tener que ser como Fidel o el Ché, no cambiará el panorama general de la situación, porque las condiciones objetivas no sostienen ese discurso”. Y en otro párrafo: “la propiedad estatal es percibida por muchos como una propiedad ajena o anónima, que se puede privatizar a través del robo. Mientras esto sea así, será difícil acabar con la corrupción y el robo, como muestra el ejemplo de China”. Esto lo escribe un intelectual favorable al gobernante cubano y un ideólogo cercano al presidente venezolano Hugo Chávez. Si la izquierda tradicional rechaza el discurso del ministro, ¿qué futuro le espera a éste? Porque desde hace años esta misma izquierda puede no estar de acuerdo con las acciones o los postulados de Castro—las palabras de Dieterich son también una impugnación al discurso del gobernante—, pero se siente obligada a no rechazar su figura.
Pérez Roque convertido en una caja de resonancia desafinada, a la espera de la patada que lo quite del medio. Fue advertido a tiempo, cuando al ser nombrado ministro de Relaciones Exteriores dijo que lo único que él realmente conocía era la forma de pensar de Castro. En aquel entonces, el escritor Norberto Fuentes destacó que la afirmación era falsa. “Si realmente conoce la mentalidad de Fidel Castro, lo primero que hace es pedir asilo en el próximo país que visite”. Hay una enorme distancia entre conocer el pensamiento íntimo de Castro y obedecer a pies juntillas todo lo que el gobernante manda a decir: ¿Cuántos han sobrevivido a sus dictados? Una distancia enorme, que se mide con un paso al vacío.
Este artículo apareció originalmente en Encuentro en la Red, el 17 de enero de 2006.

jueves 23 de abril de 2009

Carta al legislador Mario Díaz-Balart


April 22, 2009

The Honorable Mario Diaz-Balart
United States House of Representatives
328 Cannon House Office Building
Washington, D.C. 20515-0925

Dear Congressman Diaz-Balart:

Like you, we are Cuban-Americans. Despite our diversity in faith, age and political views, we are bound by a set of common values and dreams for the people of Cuba and our community. Among them is that our brothers and sisters on the island can one day live in a democratic society where differences in opinions are respected.
To that end, we believe that those of us living in freedom must lead by example and practice the same level of tolerance for dissent we demand of the Cuban government. It is for this reason that we were appalled by your recent remarks on a television show where you stated that Cuban-Americans who disagree with your views on US-Cuba policy and aid their family members on the island share “the same attitude as those who wanted to do business and did business with [Adolf] Hitler.”
Mr. Diaz-Balart, it is one thing to respectfully disagree with someone over policy issues. In fact, among those of us signing this letter there have been honest disagreements in the past and even spirited debates. But it is quite another for you, an elected federal official, to launch personal attacks against your own constituents by likening them to Nazi supporters and the unscrupulous businessmen who conducted business with Adolf Hitler simply because20they don’t share your views.
As Cuban-Americans and leaders and members of some of the largest exile groups in the United States, we emphatically reject your characterization of the Cuban-American community and those who send humanitarian aid and support to their parents, children, relatives and friends on the island. If anything, these people are more akin to the generous men and women from around the world who shared the tremendous burden of aiding the Allied forces and provided humanitarian support to the Jews being persecuted throughout Europe during World War II.
It is simply unacceptable for you to use the privileged bully pulpit that comes with the office voters have entrusted you with to make such a harsh and insensitive portrayal of so many in our community that just want to help their family.
We respectfully call upon you to immediately repudiate your inaccurate and irresponsible remarks, which do not reflect the views or values of the overwhelming majority of people in our community, regardless of their ethnicity, party affiliation or views on US-Cuba policy. If there ever has been a time when this kind of outlandish rhetoric is counter-productive to the cause of advancing Cuban freedom, and the image of South Florida, it is now when the eyes of the world are upon us.
Now is the time to stand united and turn the page on the inflammatory rhetoric of the past as we work toward a more prosperous future for the pe ople of Cuba and South Florida.
Sincerely,
Carlos Saladrigas; Arturo Lopez-Levy;PhD Candidate (ABD) and Lecturer, Josef Korbel School of International Studies, University of Denver; Marcelino Miyares, Spokesmen Coordinator for Cuban Consensus; Patrick Hidalgo, MBA Candidate, MIT Sloan School of Management; Gladisley Sanchez, Member of Harvard CAUSA (CubanAmerican Undergraduate Student Association); Annie Lord, Camillus House; Manny Hidalgo, Executive Director of the Latino Economic Development Corporation of the Washington DC Metropolitan Area; Neli Santamarina, Businesswoman; Dr. Francisco ''Pepe'' Hernandez; Mario Egozi, Architect/Entrepreneur; Rolando J. Behar, Union Liberal Cubana.
Fotografía: un autobús publico habanero pasa frente al Hotel Inglaterra en La Habana, en esta foto del 18 de abril de 2009 (Javier Galeano-AP).

miércoles 1 de abril de 2009

Gesto y gesto: un mapa histórico para la liberacion de los Cinco

JOSE PERTIERRA

INTRODUCCION
Recientes declaraciones del Presidente Raúl Castro sugieren la voluntad de Cuba para iniciar negociaciones con Washington que pudiesen resultar en el retorno de los Cinco cubanos presos en los Estados Unidos. Al responder preguntas de corresponsales en Brasilia, Raúl reveló su disposición de liberar a algunos de los presos que están en Cuba como respuesta a un gesto de los Estados Unidos de devolver a los Cinco.
Caracterizó la gestión como "gesto y gesto".1
Gibbon dijo que la única manera de juzgar el futuro es por su pasado. Y la historia nos ilumina ahora una posible solución a uno de los temas más espinosos que aún entorpece las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba: los presos.
EL PRECEDENTE HISTORICO
Existe un precedente histórico para una mutua liberación de presos, basada en gestos unilaterales, pero recíprocos. Es poco conocido, pero gracias a documentos desclasificados del gobierno de los Estados Unidos, podemos enterarnos de las negociaciones delicadas que resultaron en la liberación de importantes presos hace 30 años.
En septiembre de 1979, los Estados Unidos unilateralmente liberó a cuatro nacionalistas puertorriqueños, y diez días después Cuba reciprocó y liberó a cuatro ciudadanos estadounidenses que estaban presos en Cuba.2
Curiosamente, la frase gesto-y-gesto que Raúl usa ahora para la liberación de los Cinco es la misma que usó su hermano, Fidel, en 1978, cuando le dijo a los diplomáticos estadounidenses Robert Pastor y Meter Tarnoff, "no entiendo por qué ustedes son tan estrictos con los puertorriqueños. Los Estados Unidos pudiesen hacer un gesto y liberarlos, y nosotros haríamos otro gesto, sin vínculo alguno, simplemente un gesto unilateral y humanitario'' 3.
Documentos del gobierno de los Estados Unidos confirman que entre los años 1978 y 1979 se produjeron conversaciones entre los gobiernos de Washington y La Habana sobre un posible canje de presos. El Consultor de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, dijo en una carta al Departamento de Justicia en 1979:
Castro y sus representantes han dicho públicamente, y nos han dicho a nosotros en privado, que si liberamos a los cuatro puertorriqueños, que después de un intervalo apropiado ellos liberarían a los cuatro ciudadanos americanos encarcelados en Cuba. . . Aunque no deberíamos aceptar, o incluso considerar, un canje, el hecho es que una decisión positiva de los Estados Unidos probablemente resultaría en una decisión positiva de parte de Cuba de liberar a los ciudadanos estadounidenses es algo bienvenido. 4
LOS PRESOS QUE FUERON LIBERADOS
Cuando su liberación en 1979, los puertorriqueños, Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Oscar Collazo, habían estado presos en los Estados Unidos por más de 24 años. Los estadounidenses que Cuba liberó posteriormente, Lawrence Lunt, Juan Tur, Everett Jackson y Claudio Rodríguez, habían pasado más de 10 años presos en la cárceles cubanas.
LOS MEMOS DE BRZEZINSKI Y PASTOR
Uno de los documentos desclasificados más interesantes es un memorando redactado a principios de 1979 por el Consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, a John R. Standish, un Fiscal del Departamento de Justicia. En el memo, Brzezinski recomienda que el gobierno de los Estados Unidos reduzca las sentencias de los cuatro puertorriqueños.
La administración Obama pudiese aprender del memorando de Brzezinski. Entendería los beneficios que pudieran fluir de negociaciones de gesto-y-gesto. Por ejemplo, en su memo al Departamento de Justicia, Brzezinski enfatizó que el encarcelamiento continuo de los puertorriqueños le echa leña al fuego a los críticos de la política estadounidense, y que su liberación "sería bienvenida como un gesto humanitario y de compasión".
Brzenzinski añade que "la liberación de estos presos quitaría de la agenda de las Naciones Unidas, del Movimiento de los No-Aliados, y otros foros internacionales, un tema propagandístico que usan anualmente para criticar a los Estados Unidos, y que últimamente es utilizado como un ejemplo de la inconsistencia de nuestra política de derechos humanos".5
Robert Pastor hizo hincapié en lo mismo en un memorando fechado el 26 de septiembre de 1978. Después de hacer una evaluación de costos y beneficios sobre la situación, Pastor concluyó:
"He llegado a la conclusión que los riesgos de liberar (a los nacionalistas puertorriqueños) incondicionalmente son mínimos, mientras que los beneficios, como un gesto humanitario y compasionado son grandes. También creo que el Presidente recibiría gran beneficio político en Puerto Rico, ya que hay amplio apoyo por ese tipo de decisión ahí." 6
EL CASO DE LOS CINCO
Los que critican la política de los Estados Unidos ahora señalan que el caso de los Cinco es un ejemplo de la doble moral estadounidense: los terroristas libres en Miami, y los que fueron allá para proteger a Cuba de los terroristas, presos.
Los Cinco cubanos son parte de un equipo de agentes que Cuba envió a Miami para acumular evidencia contra los grupos y personas que dirigían una campaña de terror contra la isla: una cruzada terrorista que ha cobrado más de 3 000 vidas. El equipo infiltró a los grupos terroristas cubano-americanos, y Cuba le entregó al FBI la evidencia que ellos habían acumulado, incluyendo los nombres, apellidos y direcciones de los terroristas. Cuba pensaba que el FBI arrestaría a los terroristas, pero el FBI utilizó la evidencia que Cuba le proporcionó para arrestar a los Cinco en 1998. El 8 de junio de 2001, fueron condenados y sentenciados colectivamente a cuatro cadenas perpetuas más 75 años.
El caso ahora está pendiente ante el Tribunal Supremo de Justicia, y este año decide si el tribunal de primera instancia violó los derechos constitucionales de los Cinco, cuando se rehusó a cambiar la sede del juicio. El litigio ocurrió en un Miami consumido por la hostilidad y los prejuicios contra Cuba. Diez premios Nobel han sometido argumentos legales en forma de amicus curiae ("amigos de la corte"), pidiéndole a la Corte Suprema que revise el caso y que ordene el cambio de sede. Juntos a los premios Nobel, cientos de diputados del mundo, incluyendo dos ex presidentes, más tres vicepresidentes del Parlamento Europeo y numerosos bufetes de abogados y organizaciones de derechos humanos se suman al pedido ante el Tribunal Supremo.
La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señaló que "un ambiente de prejuicios en Miami dominó el juicio", y el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias concluyó que "a partir de los hechos y circunstancias en que se celebró el juicio y de la naturaleza de los cargos y de las severas sentencias dadas a los acusados se infiere que el juicio no tuvo lugar en el clima de objetividad e imparcialidad que se necesita para concluir que cumple con las normas de un juicio justo". 7
Sin embargo, aunque los Cinco ganen el caso ante la Corte Suprema, no lograrían su libertad en el próximo futuro. Su victoria representaría simplemente el comienzo nuevamente del juicio en una sede fuera de Miami. Una solución mucho más elegante y expedita a su prolongada detención sería una orden ejecutiva de clemencia del Presidente Obama que permitiría su regreso inmediato a Cuba.
¿PRESOS POLITICOS?
Uno de los diferendos más importantes entre los dos países es que para Cuba los Cinco son presos políticos que han sido condenados en un ambiente de hostilidad y prejuicios anticubanos, mientras los Estados Unidos los considera delincuentes que han violado las leyes del país.
El Presidente Obama rechazaría la implicación que los Cinco son presos políticos, pero insiste que Cuba debería liberar sus presos políticos antes de la normalización de relaciones. Es un tema espinoso, porque Cuba mantiene que sus presos no son presos de conciencia y que están condenados en la isla por haber violado las leyes cubanas.
Un canje directo de presos corre el riesgo de la comparación ante la opinión pública de los presos y los delitos, pero un gesto unilateral seguido por otro gesto de la contraparte suaviza la crítica, y esquiva el adjetivo político para describir a los presos.
La historia, nuevamente, nos ilumina una salida al tranque político. Antes del canje mutuo de presos en 1979, los negociadores cubanos y estadounidenses tropezaron con el uso del adjetivo político para describir a los presos. Por eso, esquivaron un canje directo de presos que sería interpretado como una aceptación tácita a la noción que su país tenía de los presos políticos.
En una carta al congresista Benjamín Gillman en 1979, Brzezinski dijo "queremos evitar la conexión de los dos casos, y ciertamente la apariencia de igualar los delitos".8 Y un memorando inmediatamente después de la liberación de los nacionalistas puertorriqueños, Brzezinski comentó: "rechazamos la posibilidad de un canje de presos, porque no consideramos a los puertorriqueños como presos políticos Ahora que Presidente Carter ha decidido reducir las sentencias de los puertorriqueños, se nos ocurre que es el turno de Castro de cumplir su promesa". 9
La clave para una liberación mutua de presos es, como dijo Fidel en 1978 acerca de la liberación de los nacionalistas, evitar la vinculación en el canje y a la vez negociar sobre la base de gestos humanitarios y unilaterales. La buena fe de ambas partes es esencial para este proceso.
LOS PRESOS EN CUBA
Si la Administración de Obama le extendiera un gesto a Cuba y unilateralmente libera a los Cinco, ¿qué gesto recíproco pudiese Cuba ofrecer? ¿Qué presos pudiese liberar y enviar a los Estados Unidos?
El Nuevo Herald de Miami recientemente citó los casos de varios presos en Cuba que pudieran ser de interés a Washington, incluyendo algunos de los que fueron arrestados en marzo de 2003 y condenados en Cuba por estar trabajando bao la dirección y el control de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA), más otros ciudadanos cubanos presos por espionaje en Cuba. 10
A diferencia de los presos que Cuba liberó en 1979, estos no son estadounidenses. Sin embargo, trabajaban directamente para el gobierno de los Estados Unidos. Washington no los quiere abandonar, y por eso siempre insiste en su liberación como una pieza clave en las negociaciones entre ambos países.
A través de canales diplomáticos, los Estados Unidos pudiesen hacerles saber a Cuba cuales de los presos son prioritarios.
EL PODER DE LA CLEMENCIA EJECUTIVA
Solamente el Presidente tiene el poder de extender una clemencia humanitaria. No sería un perdón. Simplemente una reducción de sus sentencias que permitiera su inmediata liberación. No habría que comentar sobre la validez de las condenas o sobre los delitos cometidos. No habría que condicionar la clemencia en las acciones de otro país. Sería simplemente una orden unilateral y humanitaria que reduciría las sentencias al tiempo ya cumplido por los presos.
CONCLUSION
Primero como candidato y ahora como Presidente, Barack Obama, igual que el Presidente Carter en los años 70, ha expresado su interés en mejorar las relaciones con Cuba a través de la diplomacia directa. El caso de los Cinco es una piedra en el camino a cualquier rapprochement entre los dos países.
Una clemencia ejecutiva que permitiese el retorno inmediato de los Cinco a Cuba y a sus familiares sería un gesto significativo que, después de un gesto recíproco de Cuba, pudiese resultar en la normalización de las relaciones entre los dos países.
José Pertierra es abogado. Representa al gobierno de Venezuela en la solicitud para la extradición de Luis Posada Carriles. Su oficina está en Washington, DC.
1 Raúl Castro: "Vamos a hacer gesto y gesto, esos prisioneros de los que tú hablas quieren soltarlos, que nos lo diga mañana, se los mandamos para allá con familia y todo; que nos devuelvan a nuestros Cinco Héroes, eso es un gesto de ambas partes."
(Entrevista de prensa concedida por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, compañero Raúl Castro Ruz, y Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de la República Federativa de Brasil, en Brasilia, el 18 de diciembre de 2008, "Año 50 de la Revolución". Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
2 Vea TIME Magazine, Monday October 1, 1979. "A diplomatic issue involving Cuba was resolved last week when Havana released four Americans from its prisons. For four years, Fidel Castro had said that they would be freed if the US released four Puerto Rican nationalists who were in prison for trying to assassinate President Truman and House leaders in the 1950s. Carter granted them clemency two weeks ago. . . . On arrival in Miami, one of the former prisoners in Cuba, Lawrence Lunt . . . readily admitted that he had been spying for the CIA."
3
That Infernal Little Cuban Republic: the United States and the Cuban
Revolution
, by Lars Schoultz, the University of North Carolina Press, Chapel Hill, 2009 at page 324.
4 Carta sin fecha de Zbigniew Brzezinski a John R. Standish, Pardon Attorney, for the Department of Justice. En las páginas 267 and 268 del Segundo volumen de Futuros Alternos (Documentos Secretos) Editada por Jaime Rodríguez Cancel and Juan Manuel García Passalacqua, EMS, 2007. El subrayado en la cita es nuestro.
5 Ibid.
6 Memorando de Robert Pastor a Zbigniew Brzezinski y David Aaron sobre Lolita Lebron, fechado el 26 de septiembre de, 1978. Futuros Alternos, Ibid, páginas 228 y 229.
7 Grupo de Trabajo sobre la detención arbitraria (Naciones Unidas), Opinión No. 19-2005. Opinión adoptada el 27 de mayo de 2005.
8 Carta a Congressman Benjamín Gillman, US House of Representatives, de Zgigniew Brzezinski. Ver Futuros Alternos en la página 213.
9 Memorando de Zbigniew Brzezinski a Frank Moore sobre los presos estadounidenses en Cuba, Vea Futuros Alternos en la página 214.
10 Abogados de espías cubanos no descartan "negociación política", por Wilfredo Cancio Isla, El Nuevo Herald, 25 de enero de 2009.
Fotografía: dibujo realizado durante el juicio a los agentes cubanos acusados de espionaje. El abogado Paul McKenna con el acusado Gerardo Hernández (Shirley Henderson/artista).

miércoles 4 de febrero de 2009

La guerra de las encuestas

ALEJANDRO ARMENGOL

Durante más de cuatro décadas, el exilio de Miami, sus líderes y detractores han recurrido a tres formas de participación democrática para hacer valer sus puntos de vista: las marchas, los votos y las encuestas. Ninguna de las tres ha estado libre de controversia.
Cada vez que se realiza una marcha hay un desacuerdo total sobre el número de participantes y la forma de contarlos. Los resultados electorales se han visto opacados en varios casos por acusaciones de fraude y más de un funcionario electo —más de una docena es más apropiado decir— han terminado en la cárcel por corrupción, luego de ganar en las urnas gracias a sus posiciones demagógicas sobre el problema cubano. Pero han sido las encuestas las que más han irritado a los miembros de la llamada "línea dura", pues el resultado de estos sondeos ha mostrado sistemáticamente un declive en la popularidad de sus puntos de vista.
Las encuestas —todas las encuestas— son instrumentos que intentan medir la opinión, pero cuyos resultados no son infalibles. Eso todo el mundo lo sabe. No obstante ello, hay en este país una fascinación absoluta por el dato estadístico. Los sondeos se repiten —en época electoral semana tras semana— y los datos obtenidos aparecen en la prensa. La encuesta es, además de un instrumento científico —o seudocientífico para algunos por su imprecisión—, un arma de propaganda.
No es extraño que una encuesta apoye los puntos de vista de quienes la pagan. Igual ocurre con muchas investigaciones científicas. Los productores de naranja, por ejemplo, están interesados en que la población sepa más de los beneficios del fruto. A ninguna institución académica se le antoja ir a pedirle a un grupo de tabaqueros que ayuden a financiar un experimento que quiere demostrar lo perjudicial que resulta fumar.
Las universidades tratan —con mayor o menor éxito— de preservar su independencia académica y el gobierno realiza análisis que, hipotéticamente, son neutrales a los diversos grupos de interés. Pero cuando una organización privada manda a hacer una encuesta —con el objetivo de darla a conocer— lo hace para apoyar sus planteamientos. No es que no se pague para conocer las opiniones contrarias. Es que entonces no se publican los resultados. Se guardan en secreto y se trata de cambiar las opiniones desfavorables hacia los que pagaron el estudio.
La última encuesta realizada bajo los auspicios del Cuba Democracy Advocates (Defensores de la Democracia en Cuba) es fiel a este principio. No quiere esto decir que se debe poner en duda la integridad profesional de la firma encargada de realizarla (Campaign Data Inc.). La compañía llevó a cabo el trabajo de forma profesional, en cuanto a ciertos criterios metodológicos a cumplir: seleccionó una muestra representativa del sector de la población a estudiar y no alteró los resultados obtenidos. Los datos reflejan lo que opinaron los participantes. No han sido alterados en el sentido de escoger sólo algunas respuestas y desechar otras. Sin embargo, las preguntas seleccionadas y la forma de realizarlas no responden a igual objetividad .
Nada permite asegurar que, debido a que los patrocinadores apoyan el embargo económico contra la Isla y el enfrentamiento frontal contra el gobierno de Fidel Castro, los hallazgos no son válidos. Bajo tal premisa quedaría anulado —aunque por motivos contrarios— un estudio anterior realizado en diciembre de 2000 por la firma Bendixen & Associates, y pagado por el Grupo para el Estudio de Cuba (GEC), una entidad que aglutina a empresarios y activistas cubanoamericanos y que promueve los cambios pacíficos en Cuba.
En ambos casos se trata de sondeos que pretenden apoyar puntos de vistas disímiles, pero no son simples panfletos políticos. Si uno va a considerarlos simple propaganda, no vale la pena escribir sobre ellos. Se trata de utilizar un instrumento estadístico para validar una posición política. El instrumento en sí, sin embargo, no puede ser catalogado de retórica, sino que constituye una forma de convencimiento. Cada encuesta es válida de acuerdo con sus objetivos y con la población que interroga.
Bajo esta premisa hay que analizar los datos publicados recientemente en la prensa de Miami y recogidos por las agencias de noticias.
Lo erróneo es decir que esta última encuesta representa la opinión de los exiliados en los condados de Miami-Dade y Broward. Esta afirmación no aparece en los resultados dados a conocer, ni ha sido hecha por los patrocinadores y los que llevaron a cabo la labor. El error es de quienes han querido utilizar los hallazgos como una confirmación de que el exilio —en su totalidad— favorece una "línea dura": apoya una confrontación armada contra Castro, se opone al levantamiento del embargo, los viajes a la Isla y la flexibilización de las sanciones. Lo incorrecto es otorgarle al sondeo un valor más allá de los fines electores con que fue realizado.
Porque de eso se trata: de demostrarles, tanto al presidente George W. Bush, como a su retador —supuestamente el senador John Kerry—, que los votantes cubanoamericanos no quieren un cambio en la política de enfrentamiento que por largos años ha caracterizado la relación de Washington con La Habana. Probar todo lo contrario. Afirmar que quienes acudirán a las urnas en noviembre elegirán a quien ellos estiman está dispuesto a sacar a Castro del poder por cualquier medio.
En este sentido, la encuesta está dirigida más al presidente Bush que al aspirante demócrata. La estrategia de Kerry respecto al voto cubanoamericano parece dedicada a captar al sector de estos electores que no se limitan a un tema único —la posición respecto a Castro—, sino que también consideran los aspectos que lo afectan como ciudadanos de este país.
De lograr la nominación —que a estas alturas parece tener asegurada—, Kerry hará énfasis en el segundo componente de la palabra "cubanoamericano". No es que esté dispuesto a desestimar el pronunciarse con firmeza contra Castro. A medida que avance la campaña tratará de hacer énfasis en sus ataques contra el régimen de La Habana y ya ha declarado que se opone al levantamiento del embargo. Pero su historial —que los republicanos ya han comenzado a explotar en el sur de la Florida— lo pone en evidencia como un político opuesto al reforzamiento del uso de las sanciones comerciales con el objetivo de lograr un cambio en la Isla. Kerry siempre ha favorecido los intercambios entre los ciudadanos a ambos lados del estrecho de la Florida —el famoso carril dos de la Ley Torricelli, ahora prácticamente abolido— como un recurso válido para hacer avanzar la democracia en Cuba.
El problema para el Partido Republicano es que una parte de los votantes cubanoamericanos no parece inclinada a otorgarle de forma automática su voto a Bush. Los resultados de la encuesta, precisamente, refuerzan este criterio.
Basta detenerse brevemente en las características demográficas de los que respondieron a la encuesta para comprobar este objetivo. El sondeo no se hizo entre quienes viven exiliados en Miami-Dade y Broward. Eso lo diferencia de otros anteriores. Los escogidos fueron ciudadanos norteamericanos que han votado al menos en una ocasión. No se trata de la opinión del exilio, sino de la opinión de los exiliados que votan.
La inmensa mayoría de los 600 entrevistados que completaron el cuestionario son mayores de 65 años (62%), prefirieron responder en español a las preguntas (90,2%), llegaron en los años sesenta (48%) y están afiliados al Partido Republicano (73%). Su opinión tiene valor en las urnas, pero su participación social y económica, tanto en una Cuba poscastrista como en Estados Unidos, es limitada.
La encuesta refleja una realidad conocida desde hace tiempo en Miami. Los electores cubanoamericanos son republicanos y eligen a los candidatos que priorizan en sus campañas políticas el tema cubano. Afirmar que este grupo representa la opinión del exilio es falso —desde el punto de vista social y económico—, pero real a la hora de ir a las urnas.
Este hecho se explica desde un punto de vista demográfico, no político. Hay dos aspectos a tomar en cuenta. El primero es que, a diferencia de lo que suele ocurrir en cualquier grupo migratorio —tras decenas de años de la llegada al nuevo país de residencia, sus miembros tienden a dispersarse y extenderse por toda la nación—, con los cubanos ocurre lo contrario. Miami es el punto lógico de atracción de muchos que desarrollaron parte de su vida —trabajaron y formaron una familia— en otros estados. Debido a condiciones climáticas y culturales, el exiliado cubano tiende a volver a Miami para vivir sus últimos años de vida y disfrutar de su retiro. Convertido en ciudadano norteamericano, regresa al sitio que fue su punto de entrada al país. En muchos casos nunca lo ha abandonado.
El segundo aspecto a tomar en consideración es que el mayor éxodo a Estados Unidos se produjo durante los años sesenta, algo que muchas veces se olvida, debido a la publicidad recibida por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso y la crisis de los balseros. Sólo el 6,1 por ciento de los entrevistados nació en Estados Unidos y apenas el 15,5 llegó después de 1980.
En sus resultados finales, la encuesta plantea que "los votantes cubanos no apoyan el levantamiento del embargo y las negociaciones con Castro". Esto es correcto, si se añade: "la gran mayoría". Luego aparece otra conclusión, que afirma que "los cubanoamericanos de tres generaciones apoyan con firmeza el embargo y se oponen a las negociaciones con Castro". Esto es incorrecto. En ambos casos debió aclararse los lugares donde se realizó la encuesta (los condados de Miami-Dade y Broward). En el segundo, se parte de una premisa anterior para una generalización que los resultados de la encuesta no fundamentan. La encuesta está realizada sólo entre votantes activos. No contempla a todos los cubanos nacionalizados ciudadanos norteamericanos, tampoco a los residentes y a quienes han llegado el último año.
Al igual que cuando uno se hace un traje a la medida, el sondeo contiene un número de preguntas tendientes a reafirmar los criterios de sus patrocinadores. Es en la formulación de estas preguntas donde radica el aspecto más cuestionable de la encuesta, desde el punto de vista metodológico, como se señaló al inicio.
En muchas casos, se cae en el error de realizar preguntas que inclinan al entrevistado a ofrecer una respuesta acorde a lo que se le pide. Esto se llama inducir la respuesta, y debe ser evitado en todo cuestionario que quiere conocer, de forma objetiva, como piensa el otro. Hay un principio básico que conoce todo entrevistador: quien es interrogado tiende a mostrar su rostro más amable, a no "caerle mal" a quien lo está cuestionando, a evitar la confrontación. Por eso los periodistas y psicólogos guardan sus preguntas más difíciles para el medio y el final de la entrevista; debido a esto, quien interroga debe tratar de ser lo más neutral posible.
Este principio se violó una y otra vez a través del cuestionario, que intentó averiguar opiniones no sólo sobre la política que el gobierno norteamericano debe seguir respecto a Castro, las preferencias partidistas y la labor de los congresistas cubanoamericanos —entre otros temas—, sino también con respecto al principal periódico de la ciudad (The Miami Herald), la agencia de noticias CNN, la ayuda del cardenal Ortega y la Iglesia Católica a los disidentes y prisioneros políticos, su posición respecto al gobierno cubano, y el Proyecto Varela, temas candentes en la comunidad exiliada.
A los encuestados se les preguntó: "¿Está usted consciente de que durante las últimas cuatro décadas, el gobierno de Castro ha establecido y provisto campos en Cuba para entrenar terroristas, cuyos actos de violencia se han extendido a todo el mundo, incluyendo las Américas?". Formular de esta manera una pregunta a un exiliado cubano no es propio de un estudio con pretensiones de objetividad estadística. Es un examen político de conciencia, meterlo en la urna del confesionario, cuestionar su "anticastrismo". El 76,8 por ciento de los interrogados respondieron "estar conscientes". Lo que asombra es el 23,2% de los "inconscientes".
El ejemplo más evidente de esta forma distorsionada de preguntar se refiere al Proyecto Varela. La pregunta en cuestión fue la siguiente: "El Proyecto Varela acepta la continuación de la actual Constitución cubana y al Partido Comunista como el único partido político en Cuba. Conociendo eso, ¿apoya usted el Proyecto Varela?".
No sólo se trata de una grosera e inexacta definición del Proyecto Varela. Una pregunta hecha de esta forma en Miami está condenada a una respuesta negativa: el 66,1 por ciento de los entrevistados se manifestó en contra del proyecto así enunciado.
Hay otras dos preguntas, respecto al Proyecto Varela, que resultan más interesantes. El 75,9 por ciento confesó no haberlo leído en su totalidad, mientras que el 87,6 por ciento dijo haber oído de éste. El verdadero resultado no es que los entrevistados están en contra del Proyecto, sino que se oponen a algo de lo que desconocen la extensión y el alcance. No se oponen al Proyecto Varela en su conjunto. Se oponen al Proyecto Varela según es definido en la encuesta.
El verdadero valor de esta encuesta es que el votante cubanoamericano, en gran parte, actúa de acuerdo con criterios preestablecidos y es consecuente con las razones que lo llevaron al exilio: rechaza todo lo que huela a comunismo y se aferra al embargo como un último recurso ante el fracaso de la lucha armada contra Castro. Sin duda, la última oleada represiva del régimen lo ha reafirmado en sus criterios. Opina, con razón, de que el gobernante cubano es incapaz de ceder un ápice de poder. No admite otras formas de confrontación contra el régimen de La Habana porque desde hace años vienen alimentando su frustración con falsas promesas.
A la encuesta le faltó una pregunta básica, sobre la principal fuente de información que utiliza el encuestado para saber lo que acontece en la Isla. Esta pregunta —de por sí tema para una encuesta independiente— hubiera servido para explicar más de un prejuicio. Ahora sólo resta esperar por otro sondeo. La guerra de las encuestas está en marcha, mientras el futuro de Cuba espera.
Fotografía: protesta de exiliados cubanos en Miami.

sábado 31 de enero de 2009

Carta abierta a Raúl Castro del preso político Fabio Prieto Llorente


7 de enero del 2009.
A: Raúl Castro Ruz
Presidente de la República de Cuba.

Sr. Según el órgano de propaganda de su partido Granma del 20 de diciembre pasado, usted propuso en Brasil canjear a sus espías presos en EEUU por los prisioneros de conciencia que usted mantiene en sus inmundas ergástulas.
Yo, uno de los rehenes no acepto trueques humillantes. Los espías atrapados en Estados Unidos son asunto suyo y de aquel país. Los periodistas y defensores de los Derechos Humanos encarcelados es problema de usted con el esclavizado pueblo de Cuba y la conciencia de la Humanidad. No mienta. Nosotros no somos asalariado de nadie, usted lo sabe perfectamente. Si quisiéramos dinero o cualquier otra prebenda estaríamos colaborando con su policía política la propuesta es permanente, pero el bienestar sin libertad deshonra.
El poder de Estados Unidos no tiene autoridad para negociar nada con respecto a nosotros puede exigir y eso esperamos de él, nuestra libertad incondicional como debió hacer su amigo el Presidente de Brasil, lo han hecho mandatarios de otros países y debe hacer toda persona que se respete.
Con esta declaración solo confirma lo que usted y su hermano no se habían atrevido a reconocer, somos rehenes de su régimen, otras victimas de su cruel sistema, como lo fueron Hubert Matos, Mario Chanes de Armas y otros miles de deportados de nuestro país ''con familia y todo'' luego de cumplir muchos años de perversa prisión. ¿Cuándo le haga falta chantajear de nuevo al mundo y silenciar las voces de dentro, no encarcelará otros opositores?¿No los encerrará o fusilará si la coyuntura se presta para ello? En la primavera negra (2003) nos enterró vivos, pudo tapiar miles, escogió más de 75 y fusiló otros desafectos. Tenga claro esto: no somos norteamericanos, somos cubanos, solo que anhelamos ver nuestra patria libre de odio y venganza, limpia de mentiras, corrupción y esclavitud.
En ese mismo escrito que Granma llama ''conferencia de prensa'' usted pregunta ¿Gestos de qué? ¿Gestos para qué? ¿Para que gestos al país agredido y pequeño? Yo le pregunto ¿No somos los cubanos que sufrimos bajo su bota, los verdaderos ''pequeños'' en esta historia? Algunos con sus buenas intenciones pueden creer alguna capacidad en usted para hacer gestos. No son gestos lo que precisa Cuba, son CAMBIOS. Cambios para que los cubanos no seamos deportados y calumniados por su totalitarismo. Cambios para acabar con el apartheid impuesto por sus militarzotes y dirigentes contra su propio pueblo. Cambios para vivir en libertad, prosperidad y democracia.
Afirmó en sus declaraciones que no es tan urgente la suspensión del embargo. Usted y sus acólitos moran lujuriosas mansiones mientras este ciudadano de a pie, sufre y ve sufrir a los desposeídos de este país. Usted es el máximo responsable de lo que sucede en Cuba y a Cuba, debía ser capaz de buscar soluciones dialogadas a los problemas que nos afectan, sea el embargo de los EEUU o el bloqueo interno, este último ha convertido la nación cubana en un barracón de esclavos, a base de represión, eso que llaman doble moral y que en la practica significa inmoralidad total y el egoísmo feroz impuesto por sus seguidores.
El Presidente de Brasil Luíz Ignacio Lula apuntaló sus declaraciones, por eso quiero hacerle llegar este mensaje ''No existen dictaduras buenas y malas, todas son malas. Lo fue la de Pinochet y peor es la de los Castro. Usted llama a que otros respeten la diversidad que ninguna dictadura respeta. Mal empieza la necesaria unidad latinoamericana si comienza apañando regimenes fascistas.
Sr. Castro podía aducir en su defensa la incomparabilidad en desarrollo de Estados Unidos y Cuba. Las condiciones de una prisión en aquel país y este. He leído en sus medios de propaganda que sus espías trabajan, no han emitido una queja con respecto al trato que reciben de sus carceleros. Se comunican por diferentes medios incluyendo internet, con el mundo entero. Se quejaron una vez de comer chuleta de cerdo 3 días seguidos, de permanecer 17 meses en el hueco, unas celdas de 4 metros de largo y 2 de ancho.
En múltiples ocasiones he denunciado las condiciones infrahumanas a que estamos sometidos. El único sazón que usan en la elaboración de nuestros alimentos es ajo porro, si hay. Los alimentos se colorean con azúcar quemada. Nunca hemos comido chuleta de cerdo. El plato fuerte consiste en picadillos de subproducto animal y soya, lo entregan hervido, podrido o con gusanos, nos lo han ofertado. Recibimos de funcionarios y oficiales acoso y venganza avista o solapada. Pronto cumpliré 6 años en huequitos. La celda en que me encuentro ahora sin ser la más pequeña de las que he estado mide 3 metros de largo y 2 de ancho.
No puedo escribir cartas, porque los militares exigen, violando sus propias leyes, las entregue abiertas, para evitar que escritos como este salgan de la prisión. Hace más de 4 meses me quitaron los 25 minutos de llamadas telefónicas semanales. La única posibilidad de comunicarme con mi familia es por la visita cada 2 meses, de 2 horas, con 2 familiares. Por el tiempo en que llevo en prisión me corresponden visitas con 3 familiares. El agente de la policía política encargado de la prisión dice: con más visitas saldrían más noticias de la prisión. De cómo sobrevivimos en la prisión y las cosas que suceden, otros de mi causa han escrito libros, también CUBANET y otras páginas de internet publican noticias de nuestra situación.
Hace más de 10 años mi familia y yo sobrevivimos bajo una inhumana persecución, agravada con mi encarcelamiento, todo porque un día decidí no continuar callado ante los desmanes de su dictadura.
Señor Raúl Castro subestima al pueblo cubano al difundir la falsedad de que sólo su partido puede sostener la independencia, usted es una persona de la tercera edad, acostumbrado a dar órdenes. Con sus declaraciones en Brasil demostró que la diplomacia no es para usted. Apártese, para Cuba ya es hora. Deje a este pueblo construir en paz un futuro mejor.
Fabio Prieto Llorente, preso de conciencia de la Causa de los 75.
Desde la prisión Guayabo en la Isla de la Juventud.
Fotografía: Fabio Prieto Llorente en la cárcel de Kilo 8 en Camagüey, el 11 de marzo de 2005.

jueves 29 de enero de 2009

La hora del mercenario

ALEJANDRO ARMENGOL

El ataque de cientos de insurgentes chiítas a las oficinas centrales de la Autoridad Provisional del Gobierno de Coalición en la ciudad de Nayaf, realizado el domingo 4 de abril, no fue rechazado por soldados de Estados Unidos. Fueron ocho miembros de una firma privada de seguridad los que defendieron las instalaciones. Las implicaciones del hecho vienen a complicar aún más la situación en Irak.
Según el diario Washington Post, fuentes familiarizadas con el incidente le informaron que la firma Blackwater Security Consulting envió sus propios helicópteros, que en medio de un intenso tiroteo, lograron abastecer de municiones a los atacados y trasladar a un marine herido. La compañía Blackwater tiene un contrato para brindar servicios de seguridad a los miembros del gobierno provisional, instalado por las fuerzas de la coalición en Nayaf.
Blackwater es una firma de seguridad y entrenamiento de personal de custodia, con sede en Moyock, Carolina del Norte, que tiene 450 empleados trabajando en Irak. La mayor parte de este personal brinda protección a los empleados de la Autoridad Provisional —incluido el administrador L. Paul Bremer— y a visitantes importantes. Muchos de los que laboran en la firma son ex miembros de cuerpos de élite de las fuerzas armadas estadounidenses. Los cuatro empleados civiles brutalmente asesinados y mutilados en días recientes pertenecían a la compañía Blackwater. Viajaban como escoltas de un convoy que transportaba comida y equipos de cocina de un subcontratista de una firma encargada de la alimentación de más de una docena de unidades militares norteamericanas en Irak.
El gobierno del presidente George W. Bush viene empleando guardias privados —tanto en Afganistán como en Irak— desde el comienzo de ambos conflictos. La compañía DynCorp, Inc., con sede en Virginia, se encarga en la actualidad de la protección del presidente afgano Hamid Karzai. Pero el aumento de la participación del sector privado en tareas vinculadas con las operaciones militares y de mantenimiento de la paz en todo el planeta, es una tendencia que data de los 10 últimos años.
Forma parte de una estrategia de privatización de ciertas labores, para las cuales el Pentágono prefiere pagar a un contratista que llevarlas a cabo con personal propio. Estas tareas incluyen no sólo la seguridad personal, también el mantenimiento de aviones militares, el funcionamiento de sistemas de comunicaciones y una amplia variedad de misiones: desde la fabricación de vacunas hasta el exterminio de campos de drogas.
Desde Bosnia hasta Haití
Las corporaciones militares privadas han crecido notablemente en la última década, de acuerdo a un artículo aparecido en la revista The New Republic en noviembre de 2002. Cumplen funciones que las fuerzas armadas norteamericanas se vieron imposibilitadas de llevar a cabo, luego de una reducción de casi dos millones de efectivos tras el fin de la guerra fría. A veces sus miembros son considerados especialistas de alto nivel de protección y defensa. Otras se les llama paramilitares o simplemente mercenarios.
Todos los nombres tienen una carga política. También todos sirven para catalogar el trabajo de muchos de ellos: ex militares que volvieron sus ojos al sector privado cuando quedaron sin empleo o que prefirieron llevar a cabo su tarea de forma mucho mejor remunerada.
"El boom en Irak (de la industria de la seguridad) es sólo la punta del témpano de una industria que genera $100.000 millones anualmente, la cual los expertos consideran ha sido el sector de crecimiento más rápido de la economía global durante la pasada década", señala un artículo aparecido el 28 de marzo en el San Francisco Chronicle. Los soldados de fortuna han estado presente en los conflictos regionales de trascendencia de los últimos años, desde la guerra en Bosnia hasta la lucha contra el narcotráfico en Colombia.
El papel de estos ejércitos privados ha sido determinante en varias naciones africanas. En Sierra Leona, por ejemplo, donde en 1995 y 1996 la compañía sudafricana Executive Outcomes recibió $1.5 millones al mes para derrotar a los 10.000 rebeldes del Frente Unitario Revolucionario. Y en Angola, con la misma corporación obteniendo $40 millones cada año entre 1993 y 1995. La Executive Outcomes empleó 500 mercenarios —apoyados por aviones de combate y helicópteros de ataque— para evitar la derrota del ejército angolano a manos de 50.000 rebeldes de UNITA.
El caso más reciente fue en Haití. La protección del depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide estaba a cargo de la compañía estadounidense Steele Foundation. Cuando los insurrectos haitianos avanzaron hacia Puerto Príncipe, a finales de febrero, Aristide trató de contratar más agentes de la Steele Foundation y otras firmas similares, pero se estima que el gobierno norteamericano presionó a las compañías para que denegaran la solicitud. Algunos analistas consideran —de acuerdo con el San Francisco Chronicle— que si desde el inicio Aristide hubiera previsto el avance insurrecto, y contado con los recursos financieros necesarios, la contratación de entre 50 y 100 agentes de seguridad adicionales habría bastado para asegurarle la permanencia en el poder.
Remedio temporal
La participación de los miembros de Blackwater en el ataque del 4 de abril es un ejemplo del área indefinida que existe en Irak, entre las funciones oficiales de un guardaespalda y la realidad de la participación activa en combate en una zona de guerra, según el Post. Esta zona nebulosa puede crecer más aún si la situación continúa complicándose. Pero las implicaciones tienen un alcance mayor.
Hay 135.000 soldados norteamericanos en Irak. Existe el plan de reducir su número a 115.000 en el verano. Todo parece indicar lo contrario. Tanto el presidente como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, han dejado abierta la puerta para que se envíen más tropas. Una medida de este tipo indudablemente implica un costo político, en un año de elecciones. El plan de utilizar el sistema de rotación de tropas para dilatar la permanencia de los soldados, pese a la llegada de personal de reemplazo, es sólo un remedio temporal. Se logra así aumentar el número de efectivos sin solicitar el envío de nuevas tropas, pero el talón de Aquiles de la jugada es que quienes contaban los días para el regreso se sentirán frustrados. Aumentarán las tensiones de quienes se encuentran en una situación de peligro permanente y se deteriorará la moral combativa. El envío de refuerzos es inevitable.
En este caso, una salida conveniente para la administración sería gestionar el aumento de las fuerzas paramilitares. De acuerdo con el diario español El País, en la actualidad suman entre 15.000 y 20.000 los soldados privados en suelo iraquí. Diversos periódicos norteamericanos sitúan la cifra alrededor de los 15.000. De acuerdo con el Chronicle, las fuerzas de ocupación lideradas por Estados Unidos han expresado la existencia de planes para destinar hasta $100 millones durante los próximos 14 meses en la contratación de fuerzas privadas de seguridad para proteger la Zona Verde —el área donde se encuentran sus cuarteles generales en Bagdad y que en la actualidad es protegida por soldados norteamericanos—, con el objetivo de hacer menos visible la presencia militar, en el supuesto caso de que se lleve a cabo la nominal transferencia de soberanía a un gobierno provisional iraquí luego del 30 de junio.
Una mayor participación de mercenarios puede resultar desastrosa. Trasladaría al sector privado un problema que debe ser enfrentado directamente por el Estado. Son firmas que no están obligadas al escrutinio público, como las dependencias gubernamentales. Su participación en acciones bélicas puede afectar notablemente la imagen de este país ante los iraquíes y el mundo, con independencia de las circunstancias que motiven los hechos. Se trata de evitar que ocurran situaciones de este tipo. No de buscar justificaciones a posteriori. Ni el Departamento de Defensa ni la firma Blackwater han querido comentar sobre lo ocurrido antes de que llegaran tropas de las fuerzas especiales de Estados Unidos.
La preocupación sobre la actuación de los contratistas de seguridad norteamericanos ha llevado a que un grupo de senadores de este país le pida a Rumsfeld una explicación sobre el papel de estos civiles, que operan en forma similar a las fuerzas especiales, pero no están bajo el control militar de Estados Unidos.
"Podría ser un precedente peligroso si Estados Unidos permite la presencia de ejércitos privados operando fuera del control de una autoridad gubernamental y al servicio sólo de quienes les pagan", dice la carta firmada por 13 senadores demócratas —entre ellos Hillary Clinton y Carl Levin— y dada a conocer el 9 de abril.
"En el contexto de Irak, a menos que esas fuerzas estén correctamente controladas por autoridades de Estados Unidos y estén requeridas para operar bajo claras directrices y supervisión apropiada, su presencia contribuirá al resentimiento iraquí", puntualiza la misiva de acuerdo con una información de la Agencia France Presse.
Todo se encamina, sin embargo, a que la presencia de soldados de fortuna aumente en las próximas semanas. Según el Post, las firmas privadas de seguridad han comenzado a unirse y organizar lo que probablemente constituya el mayor ejército privado del mundo, con sus propios equipos de rescate y servicios de inteligencia. De acuerdo con el diario norteamericano, se espera que el número de guardias privados aumente a 30.000 en los próximos meses. Su presencia masiva en una zona de combates tan intensos no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos, afirman funcionarios del gobierno y expertos.
Otro problema es que, con el deterioro de la situación iraquí en los últimos días, las fuerzas de la coalición no han podido acudir a tiempo al rescate de los guardias de seguridad en varias ocasiones. Cinco hombres de la firma británica Hart Group Ltd. fueron atacados durante una noche. Uno fue muerto y los cuatro restantes heridos. Esa misma noche, empleados de otras dos compañías —Control Risk Group y Triple Canopy— fueron también rodeados y atacados.
La cooperación entre los diversos grupos de seguridad y los ataques constantes a que están sometidos éstos, incrementa las posibilidades de un aumento del resentimiento mutuo entre extranjeros e iraquíes, un temor expresado en la carta de los congresistas demócratas. A su vez, la falta de control preocupa a algunos funcionarios del Departamento de Defensa. "La Autoridad Provisional del Gobierno de Coalición ha otorgado todo tipo de contrato a todo tipo de gente", dijo un funcionario de alto rango de la Secretaría de Defensa, en una información distribuida por el Post.
Costos excesivos
El Departamento de Defensa tampoco tiene la obligación de informar al Congreso de la existencia de contratos por un valor menor de $50 millones. Para los miembros de las corporaciones militares privadas, no rigen los límites impuestos al número de militares que participan en un conflicto. Sus acciones no están sujetas a las leyes norteamericanas —al actuar en suelo extranjero— y tampoco a los códigos de conducta militar de Estados Unidos.
Alrededor de 25 firmas diferentes —con contratos para la reconstrucción de Irak— emplean agentes de seguridad privados. Algunos son iraquíes, pero la mayoría de estos hombres provienen de una multitud de países, además de Estados Unidos y Gran Bretaña: Nepal, Chile, Ucrania, Israel, Sudáfrica y Fiji, entre otros. Como parte del personal que trabaja para Blackwater en la protección de los pozos petroleros —a través de un subcontratista—, hay ex militares de la dictadura chilena de Augusto Pinochet, que reciben un salario mensual de $4.000, según el periódico USA Today.
El empleo de contratistas militares puede resultar, en algunos casos, una vía costosa y reprobable para esquivar restricciones legales. Ha ocurrido con anterioridad. Nada garantiza que no vuelva a ocurrir. Los costos de los servicios de seguridad se han multiplicado en los últimos meses, en la medida en que la violencia tras el derrocamiento de Sadam Husein ha derivado de robos y saqueos a ataques motivados por fines ideológicos contra los ocupantes.
Como resultado, "los gastos de protección, que en Irak se consideraban alrededor del 10 por ciento del costo de los contratos de reconstrucción, se han incrementado entre el 25 y el 30 por ciento desde que el primer contratista llegó al país", cita The Baltimore Sun en su edición del 18 de marzo. La combinación de inseguridad, costos excesivos y diferencias culturales e ideológicas no hace más que echar combustible a una situación de por sí explosiva.
Muerte y dinero
No se trata de culpar al gobierno republicano por el empleo de soldados de fortuna. Es una práctica generalizada, que con anterioridad ha tenido resultados negativos. Durante la administración del ex presidente Bill Clinton, empleados de DynCorp participaron en un caso conocido de trata de blancas en Bosnia. Hace unos pocos años, una docena de empleados de esta compañía supuestamente estuvieron involucrados en la venta de prostitutas de Europa del Este, en al menos un caso se trató de una niña de 12 años. Varios de estos empleados incluso filmaron una violación, de acuerdo con The New Republic.
La misma compañía se vio envuelta en un caso en Perú, en abril de 2001, donde se derribó un avión que trasladaba misioneros norteamericanos y en el que murieron una mujer y su bebé de siete meses. No es vincular las acciones indebidas de una compañía, en determinado país, con el papel que desempeña otra en una situación y territorio diferentes. Blackwater y DynCorp actúan con independencia en dos países distintos. Pero se debe destacar la falta de controles necesarios en una situación muy peligrosa. Son norteamericanos que mueren y matan, con independencia de si llevan o no uniforme.
Se debe señalar que hasta el momento no hay informes de que miembros de las corporaciones militares privadas hayan realizado actos cuestionables en Irak. Se trata de un personal muy bien entrenado y de gran experiencia. Lo que sí se conoce es que han muerto al menos 50, quizá más, de acuerdo con la edición del 2 de abril de Los Ángeles Times. Tampoco hay un conteo preciso de las muertes iraquíes en los diversos enfrentamientos y disturbios. Lo que sí es una realidad innegable es que la situación en el país dista mucho de la visión anticipada por el vicepresidente Dick Cheney, cuando en los días que antecedieron a la guerra dijo que creía que las tropas invasoras serían saludadas como "libertadores".
De una guerra para poner fin a un tirano peligroso para la humanidad, el conflicto ha derivado en una encrucijada de muerte y dólares. Nada hay que ir a buscar a Irak, salvo el dinero y la muerte. "Tenemos una coalición internacional en Irak, una coalición de quienes cobran por sus servicios", ha declarado Peter Singer, analista de la Institución Brookings en Washington y autor de Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry.
El caos de los últimos días en algunas zonas de Irak no sólo evidencia la insuficiencia de tropas. También hacen más necesaria que nunca la búsqueda de una participación internacional como única salida definitiva a una situación que sirve para alentar el odio hacia Estados Unidos. Pero la conducta del presidente Bush se ha convertido en un obstáculo en el logro de una solución negociada. Tampoco se ha logrado un avance notable en Afganistán, donde ha aumentado el narcotráfico y la estabilidad es sólo relativa. Se impone un replanteamiento total de las estrategias políticas y militares en ambos países. Una labor que debe llevar a cabo esta administración o la próxima.
Este artículo apareció publicado el 20 de abril de 2004 en el periódico digital Encuentro en la Red.

miércoles 28 de enero de 2009

Totem con tabú

ROBERTO MADRIGAL

Didáctica desde el primer plano, que presenta un mapa de la isla de Cuba en el cual se van encendiendo sucesivamente las antiguas seis provincias, la película Che Primera Parte, destaca una marcada disonancia entre el guion y el estilo de realizacion, lo que crea incoherencias que torpedean su objetivo supuestamente educador y le restan impacto a mensaje de adulación totémica.
El guion, escrito por Peter Buchman, cuyos escasos créditos anteriores incluyen una película de dragones (Eragon) y una secuela sobre dinosaurios (Jurassic Park III), es una apología sin remordimientos y malintencionada de la retorica Guevarista, basada en una selección conveniente de textos de Pasajes de la guerra revolucionaria, escrito por el propio Guevara. Se propone ensalzar el mito de la estrategia guerrillera como única responsable del triunfo de la revolución de Castro, desprestigiando por el camino a las figuras de Felipe Pazos, Victor Bordón y Eloy Gutiérrez Menoyo, entre otros, y minimizando el papel de otras, como Frank País. Para ello, Buchman fue asesorado por el biógrafo y chespecialista Jon Lee Anderson, quien se ocupo de mantener al mínimo los errores de tipo histórico. A pesar de ello, hay una secuencia ridícula en la cual los guerrilleros confluyen en un caserío y presentados por Raúl, como si se vieran por primera vez, desfilan ante el Che, entre ellos Camilo y Almeida, a los cuales obviamente Guevara conocía desde México. Esta secuencia inútil y falsa, es solo para que quienes conocen la historia, identifiquen a los personajes y los que no tienen antecedentes, puedan ir a Google después de verla y si les alcanza el interés, chequear a algunos de ellos.
Sin embargo, el director Steven Sodenbergh, quizá asustado una vez que vio el muñeco armado, opta por un estilo de filmación distante, en el cual escasean los primeros planos y los planos americanos, restándole el efecto adorador a la figura del Che, descansando en tomas de corte documental (con lo que filma el ''presente'' de la película, la comparecencia de Guevara ante la ONU en 1964) en planos generales muy paisajistas para hacer el recuento de la ''odisea'' de la Sierra, así como finalmente con modestos elementos del cine de acción, en la batalla de Santa Clara (que constituye el pasado al cual se remonta la película, supuestamente en la imaginación de Guevara). Por cierto que el montaje de las escenas y las poses de los actores me recordaron las postalitas que se vendieron en Cuba tras el triunfo castrista, que recuerdo que con ingenuidad infantil coleccione para completar lo que creo se llamaba el Album de la Revolución, paralelamente y con el mismo ardor inocente con el que complete el de Kazan el cazador, amo de la selva. Pobre de mí.
Las actuaciones se limitan a poses. Benicio del Toro replica la figura de Guevara con ayuda de un excelente trabajo de maquillaje y convierte al Che en lo que no era (al menos no al Guevara que recuerdo parado al lado mío durante torneos de ajedrez), un hombre imponente, alto y fuerte. A mí lo que se me hacía imponente era la escolta que llegaba despejando el camino para el comandante. Tampoco le importo mucho adoptar un acento argentino (sólo utiliza ''che'' a mansalva), y en su discurso en la ONU se le sale demasiado el acento boricua. Pero dado el estilo de realización, el papel no es exigente. Damian Bichir también capta la gesticulación de Fidel Castro, pero nada más. Se destacan sin embargo las actuaciones del brasileño Rodrigo Santoro, como Raúl Castro y del venezolano-chileno Santiago Cabrera en el papel de Camilo Cienfuegos, que a pesar de ser un poco caricaturesco, exhibe un poco de humanidad. Catalina Sandrino Moreno esta bien en su papel de Aleida March, pero fue un error gigante tomar a Elvira Minguez para el rol de Celia Sánchez, es como una tonina disfrazada de sardina. Para respetar el tabú, la película no muestra ningún tipo de intimidad y la relación naciente entre March y Guevara se presenta con un estoicismo mojigato sin ninguna alusión sentimental, mucho menos sexual.
Diego y David se encuentran una vez más. Perugorría, qué mal actor, en un esporádico papelito como Vilo Acuna, parece no haberse enterado que hace rato que termino de filmar Fresa y Chocolate, y mantiene la misma gangosidad parlanchina de Diego, solo que medio macho esta vez. Vladimir Cruz, actor impeorable que nunca hizo bien ni el rol de David, pasara al Panteón Cinematográfico de la Infamia al encarnar nada más y nada menos que a Ramiro Valdés. Los diálogos, que son todos en español pero que originalmente fueron escritos en inglés, no ayudan a los actores, ya que suenan a discurso de Manual de Historia para adultos recién alfabetizados, encartonados y grandilocuentes. Es obvio que Sodenbergh no tiene oído para el español y nadie lo aconsejo. No en balde hasta el infame Rolando Pérez Betancourt, que solo puede ser crítico de cine en un periódico como Granma, se enfurece y en su crítica detecta ''el tono falso de algunas recreaciones, o la imitación histriónica tratando de suplir una verdadera complejidad de carácter''.
Antes de verla pensé que para enfrentar con calma este engendro tenía que tomarme varios calmantes y que aun así la furia me haría arremeter fatalmente contra la pantalla. También pensé que ponerme una camisa de fuerza era apropiado. Pero no, esta película distante, titubeante y torpe, no motiva a nada, incluso cuando uno se molesta con lo que ve. Falla en todos los niveles, sus mapas y sus saltos atrás, por muy marcados con titulitos, terminan confundiendo. Quienes no tienen información sobre los hechos no sacan mucho en limpio. Los conocedores quedan insatisfechos. Los que empezaron la película con una visión favorable de Guevara, no cambian en absoluto. Los que lo detestaban de antemano, tampoco se alteran. Los que no tenían opinión, siguen sin tenerla. En fin una película mediocre, con bohíos hollywoodenses, batallitas de baja intensidad, diálogos imposibles y la idolatría de una figura totémica, sin cuestionamiento, respetando los tabúes prescritos, pero sin pasión y de pobre realización artística.
Roberto Madrigal es doctor en psicología, ha sido editor y tiene publicada una novela, Zona congelada, y otra en preparación.
Cuaderno de Mayor agradece a Roberto Madrigal el envío.

jueves 15 de enero de 2009

Cuba-EE UU: el reencuentro (im)posible

ERNESTO GONZALEZ

Las palabras que son estrictamente
verdaderas parecen ser paradójicas
Lao-tsé

Vivir supone observar, experimentar y aprender. Balancear los extremos. Quemar etapas, proseguir. Tantos verbos juntos no podrán jamás dar una idea completa de la riqueza de la existencia, pero sí de una de sus constantes: la dinámica.
Los extremos siempre han sido cómodos, por su misma naturaleza fracturada. Estar bien posicionado en cualquier extremo acerca el horizonte, minimiza o disuelve los conflictos que no pertenezcan a la estructura del Yo/lo mío (mi historia, mi familia, mi casa, mi cuenta de banco, mi...), no perturba excesivamente eso que conocemos como “identidad” y valida todas las opiniones que expresemos. El Ego en su máximo esplendor.
Cuando se habla de Cuba, generalmente se hace desde esa óptica. El régimen es terrible porque ha invalidado (e invalida) esta estructura del Yo, la supedita al Nosotros (que es una noción), o es irremplazable porque hace predominar el Nosotros sobre el Yo (que se convierte entonces en una noción). Y se acude a toda esa batería de calificativos que no describen la realidad, y que después de cincuenta años de diferendo ya ni siquiera son capaces de señalarla, radicalizando más la moraleja de la socorrida fábula Zen.
¿Hasta qué punto son objetivas las razones que esgrimen uno u otro bando? ¿Dónde terminan las consecuencias del embargo para la economía de la Isla y empiezan las culpas de una estructura que margina la iniciativa personal? ¿Cuál sería el efecto real en Cuba de lo que conocemos como libertad de expresión, cuando en su mayor promotor, Estados Unidos, se está obligado a ser políticamente correcto? ¿Por qué separamos el condicionamiento masivo dirigido al consumo, del condicionamiento masivo impuesto por la ideología? ¿Es que, por ejemplo, en Cuba no puede cambiarse de canal, apagar el televisor o hablar con el vecino?¿Cómo puede el mismo gobierno que invade un país y justifica las torturas, abogar por derechos humanos? ¿Por qué cuando se habla de la prostitución en Cuba, se hace con un tono que magnifica el problema en la Isla y lo desconoce en el resto del mundo? ¿Por qué los ejecutados en la silla eléctrica en Texas no cuentan cuando se habla de los tres cubanos fusilados en el 2003, por intentar secuestrar un avión? ¿Secuestrar un avión es terrorismo dentro Estados Unidos, pero “búsqueda de libertad” cuando ocurre en el aeropuerto habanero?
La ringlera de preguntas pudiera ser infinita. Y las respuestas, en su mayoría, estarían permeadas por la historia personal (el Yo/lo mío), o su reflejo en la política. Escuchar una opinión objetiva siempre es dificultoso, en lo referente a Cuba es casi un imposible.
Diálogo versus debate
Uno de los atractivos del discurso de Barack Obama es su capacidad de mencionar un asunto y de inmediato la contrapartida del mismo. Una inusual lógica incluyente, aparentemente paradójica, sobre todo en boca de un político, y que es por cierto el único camino propiciador del diálogo real.
Esta discurso del candidato presidencial es además de convincente, perturbador, porque incluye el diálogo con los que se consideran enemigos. Y es una actitud sabia también, si no se queda sólo en el plano discursivo, si aceptamos tanto la inmensa capacidad de manipulación del lenguaje como sus limitaciones a la hora de describir la realidad.
La naturaleza del diálogo genuino debe asumir el hecho de que a cada argumento le persigue su exacto antagonista como una sombra. La realidad es dual, aunque sólo en apariencia. Reconocer esa dualidad es el principio del fin de la apariencia. Es la conciliación de la paradoja. La estructura del Yo/lo mío entonces se abre para aceptar al Nosotros/lo nuestro. Todas las ideologías parten en mayor o menor grado de una de estas estructuras psicológicas, proyectadas a nivel social. Todas las formas de autoritarismo, incluyendo los fanatismos religiosos, son consecuencias de un mayor grado de predominancia de una de esas estructuras.
En el ejercicio del debate la estructura del Yo/lo mío se amuralla, y los egos se desgastan y colapsan inútilmente, cada uno tratando de convencer al otro de sus errores, sin proclividad para hallar un terreno común. En el caso de lo que llamamos “medios libres”, los debatientes mantendrán sus sonrisas presentes a través del evento, a pesar de que se verán obligados a sintetizar sus argumentos y hablar rápido, debido a los anuncios intercalados graciosamente entre una y otra sonriente refriega. De manera que un tema urgente como la ayuda al pueblo de Cuba en grave crisis después de dos huracanes es, “debatido” entre las visiones de fabulosos SUVs con un 0% de financiamiento, que podremos mostrar como “mío”, aunque de hecho pertenezcan al banco que nos ha prestado el dinero.
La insistencia de Obama en motivar a la gente para que salga de sí misma y alcance algo mayor, es justamente un llamado a darnos cuenta de la interconexión real que existe entre todos, y de cómo hechos aparentemente aislados o alejados de nosotros, nos pueden afectar. Este llamado se interpreta como una amenaza por aquellos cuyos bienes les da una sensación de permanencia y seguridad.
La batalla entre el Yo/lo mío contra el Nosotros/lo nuestro, rebasa por supuesto el marco del diferendo Cuba-EEUU, e incluye por ejemplo, a una Europa que parece estar cediendo ante el neoliberalismo y va en camino de sacrificar sus logros sociales en pos de la competitividad. El Viejo Continente está en peligro de ver su antigua y rica cultura reducida a las salidas de compras o a la clonación de un estilo de vida y de valores que poco tienen que ver con su historia.
Diálogo dinámico como la vida
Se impone una revisión de las actitudes a uno y otro lado del Estrecho de La Florida. Los rencores deben disolverse para que la dinámica propiciada por el diálogo brinde resultados. Como se ha hecho en otros países que han sufrido enormes traumas sociales, el pueblo se ha movido hacia el futuro. Debería abrirse las puertas a la diplomacia activa de la cual ha hablado Obama, y que constituye un siguiente elemento de conmoción para quienes han invertido demasiado en “su” dolor durante cincuenta años.
Es imprescindible, entonces, el diálogo con esos que calificamos de enemigos. Un diálogo donde la relatividad de lo que consideramos bueno o malo, verdad o mentira, o sea, la madurez y la objetividad, primen sobre las estructuras rígidas del pensamiento. La “no-mente” que prescribe la práctica Zen, sería un marco idealmente adecuado para enseñarnos a dialogar, si consideramos la mente (tal como la conocemos) siempre en el pasado, fragmentada e incapaz de ver el todo, como una enfermedad. Se dice que cuando la mente no es la que habla, lo hace el todo.

A los seres comunes e incapaces de aplicar el Zen, nos queda entonces la obligación de integrar, al diálogo entre todos, los elementos prácticos de cualquier cultura y tradición que funcionen en nuestro aquí y ahora, sin dar cabida a ningún culto personal ni clonar ninguna receta aunque la prescriba la súper potencia del planeta con sus tópicos de hermosa resonancia mediática. Nos queda el camino genuino de la prueba y el error, del ajuste permanente. La manera en que trabaja silenciosamente el sistema digestivo, que selecciona e incorpora, a la vez que elimina despiadadamente lo inútil, es un buen ejemplo a imitar.
Por mi parte, en el diálogo que intento mantener vivo entre todas las contradicciones que me componen y me hacen considerarme vivo, intento incorporar lo humano en igual dosis que lo divino: la música y el pragmatismo norteamericanos, el antiguo intelecto griego, los vinos y los quesos franceses, las fuerzas de la naturaleza que nos han mostrado las religiones africanas, la cocina del Mediterráneo, las danzas derviches que sacan al alma de su letargo milenario, la contemplación budista, la cortesía asiática, la literatura y el arte mejores de este planeta maravilloso, y la sabiduría de los aborígenes latinoamericanos junto a la invencible y sabrosa sensualidad caribeña.
Ernesto González, escritor cubano residente en Chicago, ha trabajado para Riverside Publishing, publica en revistas locales y ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Sus novelas Habana Soterrada, Memorias de una Bodega Habanera, Descargue Cuando Acabe y Bajo las Olas, publicadas por BookSurge, están disponibles en amazon.com y lulu.com. En la actualidad trabaja como traductor en el periódico en español Hoy, del Chicago Tribune.
Este artículo apareció publicado en la revista Contratiempo. Se reproduce aquí con la autorización del autor.
Fotografía: un hombre bromea con una amiga junto a un cartel con la imagen del líder cubano Fidel Castro, el 9 de diciembre de 2008, en la ciudad de Santiago de Cuba (Alejandro Ernesto/EFE).